Hay muchas personas que temen a las especias hasta el punto que hemos oído decir "yo nunca uso especias".

Las especias usadas sabiamente, no solo mejoran el sabor de los alimentos, y lo realzan, sino que son también buenas para la salud.
Una comida bien condimentada, se digiere mejor, estimula el apetito y permite usar menos la sal, lo cual siempre es un beneficio.
Eso sí. Las especias y los aromas deben usarse siempre con conocimiento de causa.
Yo recomiendo no usar nunca una sola para que nada destaque.
Lo bueno es poner un manojito de diferentes yerbas que se podrá retirar antes de terminar el guiso, cuando al probar saboreemos el punto que nos guste.
Laurel: Se emplea seco,( retirándolo cuando haya en las comunicado el sabor que nos guste) en sopas de cebollas, de tomate.
Cocidos.
Platos de patatas, de zanahorias, de berenjenas.
Cocción de mariscos y ensalada de mariscos.
A mi me encanta la cocina con especies, además muchas de ellas son beneficiosas para la salud...
Muy buen post...
Un saludo
Volverás a Etxarri
ESTA semana una mujer buena murió en Echarri Aranaz. Se llamaba Rosa Mundiaño Ezcutari, y falleció, tras una larga enfermedad, a los ochenta años. Quizá su nombre no sea muy familiar, pero en la Iglesia de Santa María de Echarri no cabía un alma. Rosa Mundiaño era la viuda de Jesús Ulayar Liciaga, ex alcalde de la localidad, asesinado a la puerta de su casa en 1979. Salvador Ulayar, que entonces apenas era un adolescente, vio cómo un vecino, travestido de terrorista, mataba a tiros a su padre. La historia de Rosa, Jesús, Salvador y de toda la familia, la contó Javier Marrodán en un libro ejemplar, impactante y emotivo, Regreso a Etxarri Aranatz, y por él supimos que el asesino, tras cumplir 14 años de condena, salió de la cárcel con título de abogado y fue acogido en Echarri como hijo predilecto, nombramiento otorgado por el consistorio, con la anuencia de PNV y EA. Luego, el siempre caritativo Patxi Zabaleta acogió al abogánster en su despacho de abogados. Mientras tanto, el oprobio de unos y el silencio de otros acosaron a Rosa y a su familia. Ahí siguen los contenedores de basura, en el mismo lugar del crimen, como una simbólica vejación póstuma, a la puerta de la casa familiar, y la pared, como un siniestro paredón pintarrajeado de vivas a ETA. A cincuenta metros se celebró esta semana el funeral de Rosa Mundiaño y la gente llenó el templo. Hubo hermosos cánticos en euskera, hubo una homilía, y aplausos al final del oficio. Me pareció intuir en la atmósfera un acto de contrición comunitario. Aneja a la iglesia, bajo un muro con apariencia de búnker, está la taberna donde se reúnen los opositores a terroristas. Beben cerveza como si bebieran sangre. Al finalizar el acto, la comitiva partió al cementerio. Durante la homilía el cura habló de perdón y descanso. Rosa vivió su viudedad con dignidad y recogimiento, no se abandonó al odio ni al rencor. Ahora es un árbol que ampara a los suyos.