La dieta mediterránea no es un régimen dietético, sino una completa filosofía

de vida basada en costumbres milena­rias de los habitantes de la cuenca del Mediterráneo.

 

El modelo alimentario tradicio­nal de la dieta mediterránea está calificado por los expertos

como uno de los más saludables del mundo porque aumenta la esperan­za de vida y previene diversos tipos de enfermedades crónicas como las cardiovasculares, la diabetes  o algunos tipos de cáncer.

 

La alimentación saludable que proporciona esta dieta es perfectamente compa­tible con el placer gastronómico.

 

Esta dieta promueve el aceite de oliva como principal grasa de adición y el consumo de alimentos vegetales en abundancia.

 

En concreto se reco­mienda comer más de tres raciones de fruta al día, más de dos de verdu­ra y hortalizas, un puñado de frutos secos, y entre dos y cuatro raciones de legumbres a la semana.

 

El pan y los alimentos derivados de los cereales (pasta, arroz y sus produc­tos integrales) también deben formar parte de la alimentación diaria.

 

Los alimentos poco procesados, fres­cos y locales, son los más adecuados.